30 enero, 2014

Insolvente

Ya no puedo más.
Ya no tengo fuerzas,
ni ganas de continuar.

Ya no sufro,
ni me compadezco,
mucho menos busco.

Me declaro insolvente.

No tengo más besos.
No me quedan.
Las sonrisas están embargadas.
Las existencias de abrazos agotadas.
Las miradas, vacías.

Las palabras rotas.
Quebradas.
Borradas.
Inexistentes.

Mis ganas convertidas en desganas.
Mi ilusión hecha trizas.
Mis bolsillos, vacíos.
Ya no tengo nada que dar,
ni que regalar,
ni que prestar.

La insolvencia es todo lo que me queda.

2 comentarios:

Embun dijo...

Pues si no tienes nada que dar, prepárate para recibir. A veces hasta lo merecemos.

Marina Morell dijo...

Siempre queda algo por dar cuando ya se ha dado todo. Sólo que eso ya lo damos aunque no queramos darlo: se llama compañía.

PD: Me estoy poniendo al día, visitando todos aquellos blogs que tengo en el punto de mira. Perdón por haber tardado tanto, he estado desconectada un tiempo :)